viernes, 25 de junio de 2010

EL ESPOLON DEL GALLO EN SUDAFRICA VIII


22 de junio de 2010 – Polokwane

Argentina vs. Grecia Polokwane

Los días en que juega Argentina tienen un sabor especial. Cualquier mañana uno se levanta y le pregunta al compañero de cuarto, en mi caso el Red One, que por cierto da un salto treinta segundos antes de que suene el despertador ¿qué teníamos hoy? Y ahí, entre tanta inmediatez, se desempolva el cronograma. Pero los días de partido hay un clima tremendo en el hotel, los argentinos vamos apareciendo en los pasillos recién bañados, con la camiseta puesta y las banderas al hombro como si nos creyésemos supermanes blanquicelestes; se escuchan cantos y sin conocer al que te tocó en el ascensor, de repente levanta la cabeza y dice: “parece que Carlitos va al banco”.

Es que al no tener uno acá la constante previa periodística que se ve en Argentina, se despide de los muchachos cuando entran al túnel para abandonar la cancha y se reencuentra al siguiente partido cuando salen a reconocer el terreno, como si inconscientemente tuviera una amistad íntima en la lejanía.

En el lobby nos encontramos los de siempre, compañeros de colectivo como si fuese un viaje de Egresados: los tranquis, los pocaspulgas y los insoportables.

Esta vez Argentina jugó en Polokwane, una ciudad que está a unos trescientos kilómetros de Jo’burg. Como el partido fue a las 20.30 hs., a mediodía estábamos saliendo y el viaje fue agotador, principalmente por tres compatriotas tarados de esos que se comieron a José Barritta, que se mamaron con fernet y estuvieron todo el camino con un bombo y una sirena cantando: “No-duer-me nadie la putá que lo pariú, No-duer-me nadie la putá que lo pariú (y así se repite noventa veces)”. Debo confesar que de a ratos arrancaban una carcajada, pero después de dos horas y media nuestros sesos estaban trepanados y más de uno intentó ponerlos en vereda, pero fue imposible.

El partido fue una fiesta, fue el día que más se alentó, debe haber sido el frío o quizás la cercanía con el regreso de muchos a la Argentina. Contra Nigeria y Corea, me llamó la atención que la parcialidad argentina fue bastante amarga con el aliento durante el juego. Un estadio hermoso, construido para el mundial, bastante pequeño y con cierta intimidad que permitía ver muy de cerca.

De entrada tuve la suerte de encontrarme con el personaje de la foto, héroe del mundial con la mejor canción de la historia, y puede verse en mi mano la remera del Espolón. No puedo con palabras expresar la alegría de haber estado al aire el último lunes. La aparición del grupo de españoles, encabezado por Jaime, el fundamentalista Merengue, con cantos incluídos, mezclado ello con Kike Kepa y Motoneta Figueredo, fue una de las más grandes alegrías del mundial.



Los goles contra Grecia, no venían y finalmente llegaron y se festejaron con todo; la gente estalló con Palermo y la verdad que, sin importar banderas, el tipo ya es un mito popular a la altura de Patoruzú. Mucha euforia y un frío nocturno que calaba los huesos, pero así y todo, después de terminado el partido, la gente se quedó cantando como media hora con un corazón que emocionaba.

Los hinchas de Morón no aparecen, los he buscado por cielo y tierra, pero que están están, yo los ví en el aeropuerto. Se acercaron a mí hinchas de Tigre a los abrazos y festejejándome los treinta y cinco años de amistad con la gente del Gallo.

La vuelta fue más traumática todavía que la ida. Los tres compatriotas del bondi ya le habían sumado al fernet algunos litros de cerveza (que en los estadios se vende como agua), y siguieron, para maldición de todos, con su mandato tribunero de que nadie cierre un ojo.

Se sospecha que fue un gaucho que se sentaba atrás del conductor, el que llegó primero y tuvo la sabiduría de afanarse las pilas del megáfono que los muchachos habían dejado en el asiento. Nos enteramos cuando llevábamos apenas un kilómetro de viaje y desde el fondo arrancó el nuevo tema, que nos acompañaría por las siguientes cuatro horas: “shi-noa-pá-reshen las pila’, va-habir quilumbu, va-habir quilumbu; shi-noa-pá-reshen las pila’, va-habir quilumbu, va-habir quilumbu”.

Gerardo César Augusto Simonet -corresponsal del Espolón del Gallo en Sudáfrica-.

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